¿Tus preocupaciones son necesarias o innecesarias?

Todos nos preocupamos. Lo hacemos cuando nos enfrentamos a una situación problemática o ante la probabilidad de un conflicto, un evento doloroso, un hecho ante el que no sabemos cómo responder o cuyos resultados negativos nos van a afectar. Esto es normal. De hecho, puede ser indispensable para nuestra supervivencia y/o nuestro bienestar.

Sin embargo, existen dos tipos de preocupaciones, las necesarias y las innecesarias y al mismo tiempo, podemos hablar de aquellas que nosotros controlamos y de las que nos controlan. Cuando estas últimas y las innecesarias predominan en nuestra forma de vida, ésta puede volverse muy desgastante y dolorosa, sin que, desafortunadamente, nos demos cuenta de dónde está el error.

Una preocupación necesaria puede ser, por ejemplo, el pensar que me puede dar cáncer de pecho, sobre todo si mi mamá o alguna abuela lo tuvo. En este caso, la preocupación es adecuada y necesaria, si me lleva a revisiones periódicas con el médico, si sigo sus indicaciones en cuanto a medidas preventivas, como no fumar, hacer ejercicio, revisarme yo en mi casa, etc. Pero si después de hacer todo lo que está en mis manos, para evitar o prevenir una situación, me sigo preocupando y angustiando, constantemente, agobiándome con pensamientos repetitivos sobre todo lo negativo que me puede suceder, se convierte en una preocupación innecesaria, que acaba controlándome y no me permite disfrutar de las cosas positivas que sí tengo, ni me permite trabajar, adecuadamente, en otras áreas de mi vida, para obtener los mejores resultados que puedo lograr.

Nuestras preocupaciones no son más que pensamientos y nosotros somos quienes controlamos lo que pensamos. Nosotros decidimos si creemos en lo que pensamos, (y en las creencias que hemos aprendido) o si no lo hacemos y los cambiamos por otros más adecuados.

Nos cuesta trabajo hacer esto último, porque no hemos aprendido a hacerlo y porque tenemos que practicar durante un tiempo, más o menos largo, para hacerlo con facilidad y lograr que los nuevos pensamientos realmente determinen nuestros sentimientos y conducta.

Se trata de escoger entre el bienestar a corto plazo, (no me esfuerzo) y el bienestar a largo plazo: modifico mi forma de pensar y mi actitud. Se trata de decidir, qué tanto estoy dispuesto a trabajar para sentirme mejor.

Por eso, hoy te invito a que analices tus preocupaciones y que no permitas que las innecesarias te hagan sufrir. Que pienses que vale la pena aprender a manejar nuestros pensamientos, ya que estos te van a llevar a tener una vida mejor.