¿Te tratas con cariño y respeto?

De alguna manera, estamos constantemente platicando con nosotros mismos. Lo hacemos, a través de los más o menos 60000 pensamientos que procesa nuestro cerebro cada día.

Si bien, muchos de estos pensamientos son deseos expresados, direcciones que nos damos a nosotros mismos, simples recuerdos, etc., muchos son calificaciones que hacemos sobre nuestras conductas y, sobre todo, sobre nosotros mismos.

Calificar una conducta puede ser positivo, cuando lo hacemos de manera objetiva, analizando lo sucedido, los resultados, lo que esperábamos y lo que podríamos mejorar, si es que no estamos satisfechos. El problema es que, cuando cometemos un error, no nos enfocamos en la conducta en sí, sino que lo hacemos en nuestra persona y terminamos atacándonos y definiéndonos como tontos, fracasados, inútiles, débiles o cualquier otro adjetivo negativo, relacionado nuestra esencia, con lo que no nos gusta de nuestra actuación, haciéndolo, además, de manera desagradable.

Obviamente, lo único que logramos con esto, es disminuir nuestra autoestima e impedir que mejoremos en ese aspecto o que lo hagamos a costa de un gran desgaste emocional.
Como seres humanos somos seres valiosos, dignos de respeto y cariño, pero difícilmente podemos exigirlo de los demás, si no nos lo damos primero nosotros, a nosotros mismos.

No hay nada más maravilloso en el mundo que el ser humano y todos somos, en esencia, iguales e igual de valiosos. Simplemente cada uno tiene diferentes herramientas para enfrentar al mundo y distintas capacidades para manejar dichas herramientas. Algunas personas han desarrollado su potencial y otras todavía no. Unas son fuertes en ciertos aspectos y otras lo son en aspectos diferentes, aunque no siempre estamos conscientes de ello.

Por eso, hoy te invito a que, tomando en cuenta esto último, cuando te hables a ti mismo, lo hagas con todo el cariño y respeto posible, con el mismo que utilizarías con la persona más querida o importante para ti.