¿Qué tan poderosos son los pensamientos?

Casi todos hemos oído hablar de los placebos. De las sustancias inofensivas, generalmente cápsulas rellenas de azúcar o harina de arroz, que se le proporcionan a grupos de enfermos diciéndoles que son medicinas muy efectivas, para ver hasta que punto la mente influye sobre nuestro cuerpo y los síntomas físicos o enfermedades que podemos estar padeciendo.

Así, por ejemplo, en una importante investigación, se demostró que la administración de dichos placebos provocó una disminución e incluso, la eliminación del dolor de espalda, aun en algunos pacientes que ya no obtenían buenos resultados con potentes calmantes.

Por otro lado, están los nocebos, que también son sustancias inocuas recetadas aparentemente para “curar”, pero que provocan efectos secundarios negativos, incluso algunos muy desagradables. De esta manera, encontramos pacientes con cáncer que toman cápsulas inofensivas, pensando que están recibiendo quimioterapia y que sufren de nauseas e incluso se les llega a caer el cabello.

¿Te puedes imaginar lo poderosa que es nuestra mente que, tomando un poco de azúcar, puede provocar la pérdida del cabello, porque está convencida de que eso es lo que va a suceder?

Entonces, ¿te imaginas de qué manera nos pueden afectar algunas creencias negativas, de las que estamos totalmente convencidos, como por ejemplo: “yo no puedo”, “no valgo”, “no sirvo”, “nunca voy a poder”, “tengo muy mala suerte”, “a mí, siempre me va mal”, “todos los hombres (o mujeres), son…” etc., etc.?

Todas nuestras creencias son aprendidas, pero muchas pueden estar equivocadas. Ya sea porque las aprendimos interpretando algunas situaciones equivocadamente o de personas que, estando inmersas en sus propios problemas nos transmitían pensamientos erróneos.

Sin embargo, nunca es tarde para corregir y mejorar.
Por eso, hoy te invito a que analices tus emociones y detectes que creencias equivocadas están detrás de muchos de tus problemas y sobre todo de tus sentimientos negativos, para que puedas modificarlas y permitir que la fuerza del pensamiento trabaje para ti y buscando, siempre, tu bienestar.