¿Cómo te juzgas a ti mismo?

Generalmente, cuando vemos a los demás, su forma de vestir y/o de actuar, tendemos a evaluarlos y a calificarlos. Así, vamos considerando a la gente como buena o mala, simpática o antipática, inteligente o tonta, bonita o fea, etc. y nuestra conducta puede variar de acuerdo a dichas calificaciones.

De hecho, podemos tender a tomar dos actitudes diferentes. Ya sea poniendo atención única o principalmente en lo positivo, justificando o quitándole importancia a lo negativo o podemos actuar de forma completamente opuesta, enfocándonos e incluso magnificando los errores y los defectos, minimizando e ignorando cualquier aspecto que pueda considerarse valioso.

Actuar así, sobre todo si no nos damos cuenta, puede llegar a causarnos problemas.

Pero lo que puede provocarnos muchas más dificultades, es cuando adoptamos cualquiera de estas actitudes con nosotros mismos. Si bien es cierto que vernos siempre con muy buenos ojos, puede causar que no reconozcamos nuestros errores y, por lo tanto, no aprendamos ni mejoremos, manteniéndonos en un nivel bastante irresponsable, cuando nos juzgamos muy duramente, exigiéndonos siempre metas y comportamientos casi perfectas e inalcanzables y regañándonos y devaluándonos si no los logramos o si fallamos en cualquier aspecto, fomentamos nuestra inseguridad, una baja autoestima y nuestra infelicidad.

Todos tenemos aspectos positivos y negativos. Todos cometemos errores y podemos aprender de ellos y ser mejores. De hecho, el ser humano no es un producto terminado, es una persona con un gran potencial a desarrollar, pero nunca con la finalidad de volvernos perfectos. Ante esto, debemos recordar que nuestra actitud hacia nosotros mismos puede hacer que estemos abiertos al cambio y a todo lo nuevo o que nos rigidicemos por miedo a equivocarnos.

Por eso, hoy te invito a que observes cómo te juzgas a ti mismo y, si no te tratas con el respeto que te mereces, toma nota para hacer los cambios que necesites para cambiar tu actitud y buscar tu bienestar.