¿Cómo son tus expectativas?

Generalmente vamos por la vida esperando algo, ya sea que ese algo se refiera a que se de un suceso que deseamos, a que las personas actúen como nosotros queremos que lo hagan o a lo que esperamos lograr nosotros mismos. Así, la vida de cualquier persona puede estar llena de expectativas y éstas pueden ir determinando la actitud con la que vivimos y nos relacionamos.

Dichas expectativas pueden ser positivas y poderosas o pueden causarnos grandes problemas y mucho sufrimiento. Son positivas cuando funcionan como una guía en nuestra vida que, cuando son alcanzables nos impulsan a trabajar por ellas y si están basadas en buscar nuestro crecimiento y bienestar, nos hacen mejores personas y aumentan las probabilidades de lograr una vida feliz y exitosa.

Son negativas, cuando son inalcanzables y están basadas en un perfeccionismo exagerado que nos lleva a devaluarnos y a desmotivarnos cada vez que nos damos cuenta de que no las vamos a lograr.

Pero existe, también, otro aspecto que no siempre tenemos en cuenta y que nos puede causar grandes dificultades. Me refiero a las expectativas que tenemos de los demás, las cuales establecemos sin tomar en cuenta su forma de ser, ni sus gustos, limitaciones, deseos y/o motivaciones, sino que, simplemente porque nosotros esperamos y queremos determinados comportamiento de su parte, lo exigimos y nos enojamos si no los obtenemos. Cuando actuamos así, no tenemos en cuenta el derecho y la libertad que tiene cada persona y negamos la individualidad del ser humano.

Por eso hoy te invito, a que cuando te sientas frustrado y enojado con la vida o con los demás, hagas un alto en el camino y analices si una de las principales causas de tu frustración no se debe a expectativas erróneas o mal planteadas, las cuales pueden ser, fácilmente, modificadas para mejorar tu estado de ánimo y tu bienestar.

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