¿Qué haces con tus recuerdos?

Dicen que recordar es vivir y es cierto. Cuando recordamos algo, lo volvemos a vivir con las mismas emociones que sentimos cuando sucedió.

Si se trata de algo positivo, se vuelve sumamente agradable volver a reír, sentir alegría, el calor del amor y de las emociones positivas relacionadas con el evento. Sin embargo, si los recuerdos son dolorosos, volvemos a sufrir, ya que nuestro mundo, por lo menos momentáneamente, vuelve a ser frío y negativo.

Una de las cosas que escucho con más frecuencia, es que no podemos controlar nuestros recuerdos y esta afirmación es verdad y es mentira al mismo tiempo.

Es verdad en el sentido en que aparecen de forma instantánea y automática, disparados por algún tipo de estímulos, ya sea algo que escuchamos, vemos, sentimos, olemos o degustamos, pero la duración de dichos recuerdos sí depende de nosotros, ya que se mantienen porque seguimos pensando en ellos.

Es bueno pensar en aspectos negativos de nuestro pasado, si nos sirve para aprender, corregir y crecer, pero nada más. Sufrir por sufrir, es desgastarnos inútilmente, maltratarnos, descuidarnos y es dejar de darnos el respeto, el trato y el cariño que merecemos.

Lo que nos sucedió, para bien o para mal, influyo de manera importante en lo que somos y hacemos actualmente y los recuerdos pueden ser una fuerza potencializadora que nos lleven hacia adelante, hacia ser y vivir mejor o pueden ser sumamente limitadores, como gruesas cadenas que nos impiden movernos.

Por eso, hoy te invito a vivir y revivir los recuerdos que te dan felicidad y de los otros, únicamente toma lo mejor, lo que te ayuda a desarrollarte y el resto, déjalo atrás, en el pasado, que es el lugar que les corresponde.

Silvia Russek

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