¿Podemos creer, ciegamente, en los sentimientos?

No cabe duda que los sentimientos son una parte muy importante en nuestra vida y en la manera de relacionarnos, tanto con nosotros mismos como con los demás. Sin embargo, pocas veces entendemos cómo es que se producen y, lo que es más importante aún, qué es lo que los mantiene e incrementa, de manera tal, que pueden lograr que nuestra vida sea maravillosa o que sea un desastre.

En este sentido, hay dos aspectos importantes que pueden afectarnos, por lo que debemos tomarlos en cuenta,

Por un lado, tenemos que, con frecuencia, tomamos nuestras decisiones basadas en lo que sentimos, considerando que dichos sentimientos son el reflejo fiel de la realidad, sin darnos cuenta de que no es así. Por ejemplo, si siento que soy un inútil, estoy convencido de que así es, cuando, si lo fuera, no hubiera conseguido ni siquiera lo poco que pueda tener o haber logrado en la vida, desde aprender a hablar, caminar, etc.

Por el otro, confundimos nuestros pensamientos con nuestros sentimientos, creyendo que estos últimos pertenecen al grupo de los primeros, como por ejemplo cuando decimos, “siento que la situación no se va a resolver”.

Este es, en realidad, un pensamiento que puede ser analizado, confrontarlo con la realidad y rebatido si es necesario, pero cuando la gente lo plantea como un sentimiento, no admite la posibilidad de analizarlo, porque eso es lo que siente y por lo tanto, para esa persona es suficiente para validarlo.

Esto es importante, porque se ha comprobado que, aunque nuestra primera respuesta emocional ante ciertas situaciones es instintiva, automática e inconsciente, son nuestros pensamientos los que mantienen e incrementan los sentimientos, a tal grado, que podemos seguir sintiendo coraje cada vez que pensamos en una persona, aunque ésta haya muerto hace 19 años.

Con esto podemos ver que, para modificar, disminuir o eliminar nuestros sentimientos negativos, debemos aprender a trabajar con los pensamientos que los están manteniendo.

Por eso, hoy te invito a que, ante sentimientos que te causan problemas y te hacen sufrir, hagas un alto y analices tus pensamientos y, si estos son exagerados, negativos, extremistas, desadaptativos o distorsionados, aprendas a modificarlos o a cambiarlos para que puedas tener una vida mucho mejor.

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