¿En qué tiempo vives, la mayor parte de tu vida?

Ante esta esta pregunta, es muy probable que la gran mayoría contestaríamos que vivimos en el presente, ya que, de hecho, es lo obvio. Sin embargo, no es así.

A pesar de que el único tiempo real que tenemos es el presente, dado que el pasado ya pasó y el futuro aún no llega, nuestra mente está constantemente en esos dos espacios que ocupan una gran parte de nuestra imaginación, creando emociones que, con frecuencia nos hacen sufrir.

Vivimos en el pasado, cada vez que nos dedicamos a recordar eventos que sucedieron en esos momentos y si lo hacemos para atacarnos por nuestras equivocaciones, malgastamos minutos u horas que podrían ser maravillosas, en sentir culpas que no nos llevan a ningún lado. Lo mismo sucede si vamos hacia atrás, simplemente para comparar nuestra vida actual y decidir que la anterior era mucho mejor. Nos estamos provocando un sufrimiento innecesario.

Por otro lado, cuando vivimos en el futuro, pensando en todo lo malo que nos puede suceder y todas las consecuencias negativas que, seguramente, vamos a tener que enfrentar, nos movemos entre la angustia y el temor, sin darnos cuenta de que el origen de dichas emociones, por lo menos parcialmente, está en nuestra manera de pensar.

Y mientras nuestra mente viaja hacia el pasado y/o hacia el futuro, constantemente perdemos los momentos presentes, que son los únicos que realmente podemos vivir y disfrutar.

No es fácil mantenerse en el aquí y el ahora, sobre todo cuando estamos aprendiendo a hacerlo, sin embargo, es uno de los regalos más maravillosos que nos podemos dar en la vida.

Por eso, hoy te invito a que aprendas a hacerlo. A que practiques constantemente para que, poco a poco, vayas incrementando los momentos en que realmente estás en el instante presente y así, mejores la calidad de tu vida, de una manera impresionante.

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