¿Y a ti, quién te controla?

¿Lo hacen los demás, el deseo de darles gusto para evitar que te critiquen o te rechacen?
¿El deseo de tener dinero, poder y/o fama, con una gran necesidad de aumentarlos o miedo de perderlos?
¿Acaso es la fe en la suerte, en donde en todo lo que haces o vas a hacer, esperas que ésta sea buena para ti y te sonría?
¿O tal vez crees que todo está determinado por el país, la cultura, tu grupo social y familiar y, en general, la situación en la que vives, por lo que es poco o casi nada lo que tú puedes hacer al respecto?
La realidad es que tenemos dos opciones. Colocar el control de nuestra vida fuera de nosotros, como en los ejemplos anteriores o estar convencidos de que somos nosotros los que controlamos nuestra vida.
Cuando nuestra forma de pensar es de acuerdo al primer planteamiento, nuestra actitud es pasiva ante los problemas y, fácilmente, podemos caer en una actitud de víctimas.
Cuando nos inclinamos más por el segundo, no sólo actuamos ante los problemas y dificultades que se nos presentan, sino que constantemente buscamos y con frecuencia logramos, mejorar y vivir más satisfechos.
Yo sé que no todo lo podemos controlar, pero si pertenecemos al segundo grupo, cuando el control está fuera de nuestras manos, podemos controlar y cambiar nuestra manera de percibir, evaluar y responder, ante aquellas cosas que están fuera de nuestro dominio.
Por eso, hoy te invito a que analices a qué grupo perteneces y, si crees que te encuentras en el primero, pienses cómo y de quién aprendiste a pensar así y, sobre todo, cómo puedes modificar esas creencias erróneas que te mantienen en una posición equivocada y dolorosa.

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