¿Qué ha sucedido con tus deseos?

A lo largo de la vida, todos hemos tenido una gran cantidad de deseos. A veces, estos han sido expresados clara y específicamente, pero en ocasiones, se han mantenido en nuestra mente de manera más ambigua y poco clara.

Algunos los hemos logrado y otros no, dependiendo de nuestra actitud ante ellos, del grado de control que tenemos sobre los mismos y de nuestra respuesta ante los éxitos o fracasos que vivimos, como resultado de nuestra conducta.

En este sentido, algo sumamente importante es el primer aspecto, es decir, la actitud que tomamos. Ante todo lo que queremos y esperamos en la vida, tenemos, básicamente, dos opciones: luchar para obtener aquello que es importante para nosotros o esperar que las cosas se den, por sí solas, tal y como las queremos. (Tal vez pidiéndoselas a Dios, la suerte, la vida o a aquello en lo que creemos).

Obviamente, en el primer caso, lo primero que tenemos que hacer, es analizar qué tanto control tenemos sobre la situación que nos ocupa y, de preferencia, elaborar un plan de acción.

Si no tenemos ningun control, nuestro trabajo debe de estar enfocado en nuestra manera de percibir y evaluar, tanto la situación, como a nosotros mismos.

Cuando sí lo tenemos, necesitamos actuar con fuerza y determinación, ya que desear, únicamente, la mayor parte de las veces es insuficiente y es la razón de muchas de nuestras desilusiones.

La realidad es que, si queremos lograr nuestros deseos, debemos trabajar para obtener los resultados anhelados y, en ocasiones, tenemos que esforzarnos mucho, pero ¿sabes?, vale la pena.

Por eso, hoy te invito a que revises todo lo que un día deseaste y no obtuviste y si aún es importante para ti, que hagas lo necesario para obtenerlo. No dejes pasar el tiempo y no permitas que llegue el momento en el que, con tristeza digas, “si yo hubiera”.

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