¿Eres capaz de salirte de tu zona de confort?

Todos tenemos un lugar, físico, en donde nos gusta acurrucarnos para descansar. Un lugar, al que nos dirigimos cuando estamos pasando por un mal momento o simplemente cuando nos sentimos tristes, angustiados o cansados. Ese lugar en donde nos acomodamos, tal vez nos tapamos y sentimos que podemos relajarnos e incluso, tratar de olvidarnos de lo que hemos estado viviendo.

También, mentalmente, tenemos un lugar similar. Es ese estado en donde no nos cuestionamos sobre ningún aspecto, no intentamos nada nuevo, ignoramos cualquier información que nos pueda afectar, aun mínimamente y en donde buscamos mantenernos en lo predecible, a pesar de que lo que estemos viviendo pueda ser desagradable o doloroso. Ese lugar, es lo que conocemos como zona de confort.

El refugiarnos o querer vivir en esta zona es, generalmente, una actitud inconsciente y para salir de ella se requiere de un esfuerzo e incluso, en ocasiones, de mucho valor.
Todos somos diferentes y cada uno de nosotros tenemos nuestras propias necesidades, dificultades, temores, etc., por lo que nuestra zona de confort es muy personal y lo que puede ser deseable, apropiado o lógico para alguien, puede no serlo para otra persona.

Si bien es cierto que, en ocasiones, estar en ella nos proporciona comodidad y bienestar y en otras, nos evita angustia, estrés y dolor, también nos impide crecer y solucionar muchos de nuestros problemas.

Generalmente, nos mantenemos en dicha zona, ignorando los datos o situaciones que tenemos frente a nosotros o que escuchamos, racionalizando cualquier pensamiento o frase que puede despertar una emoción “negativa”, evadiendo compromisos, personas o conductas que nos molestan o afectan, justificándonos para no tener que actuar, negando lo que nos disgusta ver o escuchar, etc.

No tiene nada de malo, al contrario, querer descansar en nuestra zona de confort y mucho menos buscar nuestro bienestar y felicidad, pero para lograr esto último, el verdadero camino es salir de dicha zona, para resolver nuestros problemas y enfrentar nuestros temores y la única forma de salir de ella es hacer aquello que nos cuesta trabajo, pero que sabemos que nos acerca a nuestras metas.

Como muchas otras cosas, puede ser difícil, pero también, como muchas otras cosas, claro que vale la pena.

Inténtalo, poco a poco, pero de manera constante, dándote momentos de descanso y reforzamiento y disfruta de los resultados.

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