Hagamos un alto en el camino.

Generalmente, vamos por la vida corriendo de un lado a otro, siempre ocupados o por lo menos, con poco tiempo o interés, para vernos a nosotros mismos y cuestionarnos sobre la manera de tratarnos.

Por eso, hoy te pregunto. ¿Si te detuvieras un momento y te observaras detenidamente, cómo te describirías?, ¿Si analizaras lo que has hecho, lo que sientes, lo que deseas, lo que has logrado y aquello en lo que has fallado, qué conclusiones sacarías? Y sobre todo, ¿cómo te calificarías y te tratarías, a partir de dichas conclusiones.?

Desafortunadamente, no siempre podemos lograr todo aquello con lo que hemos soñado o las metas que nos hemos planteado. En ocasiones, los obstáculos han sido externos y completamente fuera de nuestro control. Otras veces, el problema ha sido que no hemos sabido cómo enfrentarl y solucionar dichos obstáculos, por errores que hemos cometido o simplemente, por descuido o irresponsabilidad.

Sin embargo, con frecuencia, el principal obstáculo podemos ser nosotros mismos. Nuestra falta de confianza, nuestros pensamientos negativos y la manera tan devaluatoria que podemos llegar a utilizar para criticarnos, calificarnos y/o recriminarnos, cuando no nos comportamos como pensamos que deberíamos haberlo hecho o cuando no hemos logrado aquello que creemos, que tendríamos que haber obtenido.

No hay nada que nos cause tanto daño como el darnos de latigazos, emocionalmente y lo peor, es que podemos hacerlo, incluso sin darnos cuenta de ello.

Es muy común que nos juzguemos con demasiada dureza y/o nos exijamos demasiado, sin aceptar los fallos y limitaciones que tenemos, como cualquier otro ser humano. Con esto no quiero decir que nos volvamos indiferentes, autocomplacientes, víctimas, eternos justificadores, etc., de lo que hacemos equivocadamente y de sus consecuencias, pero sí, de que en primer lugar seamos objetivos y no exageremos o nos adjudiquemos aquello que no nos pertenece, de que aprendamos a corregir y a perdonarnos, si es necesario, pero, sobre todo, que siempre, siempre, nos tratemos son respeto, cariño y cuidado.

Recuerda que una demostración de amor, es más efectiva que un golpe o un insulto.

Empieza siempre tu día, dándote un fuerte abrazo y una gran sonrisa frente al espejo.

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