¿Qué haces con tus preocupaiones?

Vivimos en una época difícil. Una gran parte de los países se está enfrentando a algún tipo de problema importante, que puede afectarnos y, con frecuencia, cuando tomamos consciencia de él, no podemos dejar de preocuparnos.

Sin embargo, no todas las personas reaccionan de la misma manera ante dichas preocupaciones. Hay quienes las viven positivamente y quienes lo hacen de manera muy negativa y, cuando hablo del primer caso, no me refiero a negarlas o a esconder la cabeza como el avestruz.

Cuando las vivimos y reaccionamos a ellas de forma negativa, permitimos que aniden en nuestra cabeza, es decir, les damos vueltas una y otra vez, durante todo el día, con lo que lo único que logramos es angustiarnos más y tener menos capacidad para encontrar nuevas y mejores soluciones.
Por otro lado, cuando actuamos positivamente, las utilizamos para darnos cuenta del malestar que estamos viviendo, para analizar el problema, ver qué aspectos dependen de nosotros y cuáles no, en cuáles podemos intervenir o podemos y debemos pedir ayuda y en dónde tenemos que aceptar que no podemos hacer nada para cambiar la situación, pero que sí podemos modificar nuestra manera de percibirla y de pensar al respecto y a partir de eso, actuar.

Cuando nuestra actitud es positiva, una vez que hacemos lo necesario para prevenir, si está en nuestras manos, prepararnos y/o resolver, si nos es posible, podemos dejar de pensar en ellas, para ocuparnos o pensar en otras cosas, negándonos a permitir que amarguen nuestra vida.

¿Tal vez piensas que es una actitud irresponsable o comodina, al dejar de buscar, aparentemente, una solución o que nuestra actitud da a entender que las cosas y las personas no nos importan realmente, si no nos preocupamos por ellas?

No, al contrario, pero mientras más angustiados, menos vamos a encontrar una buena solución y sólo nos vamos a desgastar física y emocionalmente, aumentando la probabilidad de que nuestro estado de ánimo nos provoque problemas en otras áreas de nuestra vida o con otras personas. Por otro lado, mientras mejor estamos, mayor es la posibilidad de encontrar otra solución o, por lo menos, de evitar más dificultades y de mantenernos bien, para poder ayudar a los demás a estar bien, también.

Sé que puede costarnos trabajo desarrollar esta última actitud, pero sé, que se puede lograr y que los resultados valen la pena, a pesar del esfuerzo que implica.
Aprende a vencer las preocupaciones y a sonreírle a la vida, a pesar de los malos momentos. Tú puedes.

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